jueves, 11 de agosto de 2011









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miércoles, 14 de octubre de 2009

¿PUEDO DISTINGUIR UNA REPRESENTACION DEL OBJETO QUE REPRESENTA, ESTA IMLICITA EN EL OBJETO ESTA DISTINCION?
El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas.
Descartes, Rene “Discurso del método, traducción y notas Manuel garcía Morente”
<http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacion_adicional/obligatorias/034_historia_2/textos/descartes.pdf>

El sentido común como nos cuenta Descartes es uno de esos caracteres que necesariamente está implícito en la naturaleza del hombre, y todo el que quiera si se lo propone y se encuentra en su sano juicio, puede distinguir las cosas en las que debe creer y en las que no, de otro modo el sentido común es como una especie de guía que con el discurrir de la experiencia nos va acercando a las cosas sobre las que a consideración de nuestro entendimiento del mundo se acercan más o menos a lo que consideramos real y digno de creencia y sin embargo este que fuera nuestra guía nos hace incurrir en graves equivocaciones, dándonos la impresión de la realidad y de la certeza donde no la tenemos, y es así como con nuestro entendimiento prejuiciado de sentido común damos por conocidos hechos y cosas que realmente nos son ajenos, nuestro entendimiento sucumbe a la tentación de aceptar sin reflexión que las cosas poseen unas características tales como color, forma y dureza, entre muchas otras, sin embargo como nos demuestra Russell en el capitulo primero de su libro los problemas de la filosofía, estas características que consideramos al principio y sin ayuda de la reflexión como intrínsecas en los objetos, se nos aparecen tenuemente y se desvanecen e incluso cuando cambiamos de lugar, se matizan de otra manera, es así pues como no teniendo razón de afirmar que estos caracteres le pertenecen a las cosas, nos vemos obligados a aceptar como Russell, que estas características no son propiedades intrínsecas de los objetos sino que son producto de la interacción con mis sentidos y con fenómenos externos a ellos como la radiación, la humedad, entre muchos otros. A la información que nos proporciona esta experiencia con objetos externos a nosotros la distinguiremos a la manera del autor denominándola como él datos de los sentidos, de estos datos sin embargo no puedo concluir nada, estos son la mera impresión que un objeto externo causa en los sentidos al entrar en contacto con ellos, a la acción de concientizarnos de esta información proporcionada por estos, la denominaremos según el autor citado, sensación así pues la sensación es la relación que yo desarrollo, mediatamente, con la información que me proporcionan los datos de los sentidos y que me permite clasificar los objetos en diferentes clases y organizarlos de modo que unos se distingan de otros.
Ahora teniendo previo conocimiento de estas dos nociones, trataremos de contestar a la pregunta: ¿puedo distinguir la representación de un objeto del mismo? ¿Está esta distinción implícita en el objeto?
Pues bien vamos a definir primero lo que entendemos por representación, una representación es algo que tiene una identidad con una cosa sin ser esta, por ejemplo, una fotografía de una mujer, tiene una identidad con una persona del sexo femenino que es retratada en esta, y sin embargo la foto no es la mujer, pero pensemos en virtud de que no son lo mismo ¿y si son diferentes que construye la identidad entre las dos? pues innegablemente si yo veo una foto de mi abuela, reconoceré en ella una persona que existe y no otra cosa, entonces, ¿quién o que construye la identidad entre estas dos cosas que consideramos distintas? Hemos dicho que la sensación es una acción mediata mediante la cual soy consciente de los datos de mis sentidos , por ejemplo la sensación de color o forma de un objeto, es decir que a través de esta le atribuyo ciertas características a el objeto físico, y es en virtud de estas características sobre las cuales yo creo una identidad entre un objeto y una representación de este, esta distinción no está pues implícita, ni en el objeto ni en la representación, sino que soy yo quien establece los parámetros de equivalencia entre uno y otro, no quiere decir (o por lo menos no lo considero así) que no existan unos objetos externos o físicos, a los cuales yo atribuya esas características que percibo a través del sentido y que estas correspondan o sean señal en cierta medida de estos a pesar de que yo no pueda aprehenderlas, esto me permitiría entender que varias personas (siguiendo nuestro ejemplo) que conociendo a mi abuela al verla retratada también la reconozcan, de lo cual se infiere que establecen al igual que yo, nexos entre la cosa material, el objeto físico (en el ejemplo el objeto físico es la Abuela) y una representación mental o física como es el caso de una fotografía revelada.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

¿Cómo puedo distinguir la apariencia de la realidad?

¿Cómo puedo distinguir la apariencia de la realidad?
(Un acercamiento al problema de la realidad y la apariencia, desde el capítulo primero de los problemas de la filosofía de B. Russell.)
Cuando uno camina por la calle, nunca se pregunta por si las cosas que ve están ahí de verdad y poseen los atributos que uno puede observar en ellas tal, como el color, la forma, el tamaño, dureza o suavidad. En el libro los problemas de la filosofía, en el capítulo primero, Russell se ocupa de esta distinción, ubicándonos frente a interrogantes fundamentales para el entendimiento del mundo y frente a una bonita invitación a la que nos llevaran los diferentes puntos de su argumento.
Es innegable la importancia de la experiencia de los sentidos a la hora de conocer el mundo, todas las cosas de las que tenemos alguna idea han surgido de impresiones captadas en primer orden por los sentidos, que son nuestra puerta de entrada a la experiencia del mundo, pero, ¿en efecto existen las cosas que percibo por los sentidos?, y en ese caso ¿es su naturaleza la que yo percibo? ¿Qué clase de objeto es el que percibo? Pues si es así dos observadores de un mismo fenómeno (visual, auditivo, táctil, etc.) no tendrían por qué encontrarse frente a un objeto distinto a la hora de captarlo, de lo que se sigue que no existe tal color o forma como lo percibo, es decir que el conocimiento sobre ese fenómeno o objeto no lo puedo obtener de forma directa, sino que es de alguna manera inferido por mí de lo que se me presenta. En este punto del argumento Russell nos introduce en dos nuevas nociones, por un lado la de datos de los sentidos, la cual debe ser entendida como, lo que nos es inmediatamente conocido en la sensación y la distingue justamente de la de sensación que es la experiencia de ser inmediatamente conscientes de estos datos, es decir que a lo que yo llamo mesa, puerta, carro no es lo que los sentidos me llevan de ese objeto sino lo que yo infiero al ser inmediatamente consciente de los datos proporcionados de este objeto, pero ¿en qué momento yo me hago consciente de él? , yo soy consciente de ello cuando ese objeto le es presentado a mis sentidos y al dejar impresiones sobre ellos, es clasificado dentro de las categorías de color, forma y tamaño, de tal modo que puedo distinguir características en ellos, que son producto, no ya de lo que percibo inmediatamente en el contacto, sino de que, esto que es objeto de mi percepción se ubique dentro de mi “entendimiento” del mundo, de manera que pueda nombrarlo y predicar algo de este, en el texto referido el autor nos cuenta que: el primer filosofo que puso de relieve las razones para considerar los objetos inmediatos de nuestros sentidos como no existiendo independientemente de nosotros fue el obispo Berkeley. Y si bien sus conclusiones no son las mejores como nos cuenta el autor Sin embargo le corresponde el merito de haber mostrado que la materia puede ser negada sin incurrir en absurdo y que si algo existe independiente de nosotros no puede ser objeto inmediato de nuestras sensaciones. Sin embargo, es evidente que cuando me marcho de el lugar donde acontece el fenómeno (estimulo visual, táctil, etc.) este no deja de suceder solo porque yo me marche o ¿sí?, entonces existe algo que esta forzosamente allí y que coincide con eso que entiendo como mesa, árbol o cualquier cosa, esta existencia independiente a la mía se mantiene forzosamente allí cuando me marcho o doy la espalda, y sin embargo este no me es dado a conocer más que por mis sensaciones ( es decir, que mi conocimiento de este es inferido, no directo) , de cualquier modo que se mire esta distinción entre apariencia y realidad, ha sido amplísimamente desarrollada de las maneras más diversas, por otro lado al descubrir el intrincado camino que hay que recorrer para poder afirmar la realidad o apariencia de las cosas más cotidianas, nos veremos como dice el autor lanzados de lleno al estudio de la filosofía (…) y que si bien esta no puede responder a todas las preguntas que deseamos, es apta por lo menos para proponer problemas que acrecen el interés del mundo y ponen de manifiesto lo raro y admirable que justamente bajo la superficie se oculta, aun en las cosas más corrientes de la vida cotidiana.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Invitación a lanzarse a la filosofía en el capitulo primero de los problemas de la filosofía, de Bertrand Russell.
La filosofía nace del espíritu y la necesidad trasformadora de los hombres, no es capricho, que aun hoy día siga teniendo la vigencia extraordinaria, que hay en todo lo que toca, pero a ¿que se debe que la filosofía tenga el lugar tan privilegiado que tiene en la naturaleza del hombre?
En el capitulo primero de los Problemas de la filosofía, Bertrand Russell se encarga (abordando por demás de forma breve y poco desarrollada) del problema por lo que nos es posible conocer; problema que ha acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia, mutando de vez en vez, en formas maravillosas a la vez que complejas, opino que el autor escoge este problema, porque, es uno de los mas amplios, y que en general cualquier hombre ha experienciado, pero, ¿Qué quiere lograr el autor al llevarnos a este problema?, pues quiere invitarnos a hacer algo , pero, ¿Qué tipo de invitación es esa? Nos serviremos de las primeras líneas del capitulo para indagarlo:
¿Hay en el mundo algún conocimiento tan cierto que ningún hombre racional pueda dudar de el? Este problema que a primera vista no parecería tan difícil, es, en realidad uno de los más difíciles que cabe plantear, cuando hayamos examinado los obstáculos que entorpecen el camino de una respuesta directa y segura nos veremos lanzados de lleno al estudio de la filosofía, puesto que la filosofía es simplemente el intento de responder a tales problemas finales, no de un modo negligente y dogmatico, como hacemos en la vida ordinaria y aun en el dominio de las ciencias, sino de una manera critica, después de haber examinado lo que hay de embrollado en ellos, y suprimido la vaguedad y la confusión que hay en el fondo de nuestras ideas habituales.
Pero, ¿Qué quiere decirnos cuando nos dice: lanzarnos de lleno al estudio de la filosofía? En su argumento el autor se sirve de una analogía que a simple vista parecería sencilla, pero que con el devenir del argumento, nos revela la inmensa complejidad en su aparente sencillez, y he aquí la idea central del texto y es que sencillamente la invitación a – lanzarnos de lleno al estudio de la filosofía - surge de las cosas que estimamos mas simples pero que encierran en si complejidades enormes (como hemos dicho), esto nos lleva a concluir que para el autor la filosofía, no es una cosa que deba quedar en el escritorio, o que sea para ilustrados sabios, sino que mas bien, la vida misma es una invitación a la filosofía, y que si bien como dice el autor: La filosofía sino puede responder a todas las preguntas que deseamos, es apta por lo menos para proponer problemas que acrecienten el interés del mundo y ponen de manifiesto lo raro y admirable que justamente bajo la superficie se oculta, aun en las cosas más corrientes de la vida cotidiana.